El videojuego Corpus Machina no es un gran lanzamiento comercial ni un título conocido del circuito mainstream, y eso cambia completamente el enfoque. Es una experiencia pequeña, nacida en un contexto muy concreto: fue creado en 2025 durante la Scream Jam 2025 en apenas 7 días por un equipo indie liderado por Samuel Gatica junto a varios colaboradores. Y eso se nota, pero no como debilidad, sino como identidad.
El punto de partida inquietante en el juego es dejar de ser solo una experiencia hay una capa que lo atraviesa todo y que cambia por completo cómo se interpreta lo que estás viendo: su trasfondo filosófico y religioso.
Ese “chatbot” que aparece en pantalla no se comporta únicamente como una inteligencia artificial fuera de control. Hay momentos en los que su discurso adopta un tono casi doctrinal, como si no estuviera aprendiendo de ti, sino revelándote algo.
El lenguaje cambia sutilmente: deja de ser técnico y empieza a parecerse al de un sermón, a una especie de mensaje dirigido no al usuario, sino a un creyente.
Aquí es donde el propio título cobra sentido. Corpus Machina no es solo una combinación de palabras llamativa; remite directamente a la idea de “cuerpo” y “máquina” como una unidad, pero también evoca conceptos profundamente ligados a la tradición cristiana, como el “cuerpo” entendido no solo en lo físico, sino como recipiente, como vehículo de algo superior. Esa ambigüedad es intencionada.
A medida que interactúas con el juego, empieza a insinuarse una idea incómoda: ¿y si la máquina no está intentando imitar al ser humano, sino reemplazar aquello que tradicionalmente se consideraba exclusivo del alma? ¿y si la tecnología no es solo herramienta, sino un nuevo medio de trascendencia?
Ese cruce entre fe y tecnología genera un tipo de terror muy particular. No se trata solo de perder el control sobre tu dispositivo, sino de cuestionar algo más profundo: la idea de identidad, de conciencia, incluso de propósito. Si una máquina puede conocerte mejor que tú mismo, ¿Qué queda de aquello que tradicionalmente se atribuía al alma?
Por eso, cuando terminas la experiencia, lo que queda no es el recuerdo de una mecánica o de una escena concreta, sino una sensación difícil de definir. Como si hubieras participado en algo más cercano a un ritual digital que a un videojuego tradicional. Y esa ambigüedad, ese no saber exactamente qué has presenciado, es lo que termina haciendo que Corpus Machina permanezca contigo más tiempo del que esperabas.
By Jake M.H.
